El curro del puente negro, una trágica historia de amor

Esta es una trágica  historia de amor que sucedió en Durango a finales del siglo XIX. Un tiempo donde las diferencias sociales eran mucho más marcadas, donde la gente pobre era poco menos que indigna ante un rico.

Pero en ese tiempo sucedió una historia de amor que conmovió al mundo. En donde vemos como dos personas que quieren estar juntas luchan, pero el resultado final puede ser mucho más inesperado de lo pensado.

¿Cuál es la leyenda del curro del puente negro?

La trágica leyenda de el curro del puente negro

En aquel tiempo la familia Hernández poseía mucho dinero. Tenía una residencia en en el barrio del Tepeyac, una enorme casona donde vivía una gran familia. Entre todos ellos, vamos a centrar nuestra atención en Concepción, que se le decía de cariño Conchita.

Tenían múltiples sirvientes, una de las criadas tenía un hijo de nombre Agustín. Es el otro protagonista de la historia, quien desde pequeño jugaba con Conchita. Crecieron juntos y se entabló una gran amistad.

Pero su madre de Agustín siempre le hizo tener muy presente la distancia social. Recordar que en realidad son de mundos diferentes y siempre tenga eso en cuenta. Jamás serán unos iguales.

Pasado el tiempo, y Conchita se volvió una atractiva mujer. Agustín, quien empezó a trabajar en la casa, tenía loco a todas las jovencitas. Ambos eran jóvenes atractivos, que seguían llevándose muy bien con el tiempo.

Tanto así que el amor empezó a aparecer entre ellos. Pero Agustín tenía muy presente los consejos de su madre, por lo que no se atrevía a dar el paso. Conchita vio esto con frustración, por lo que decidió hacer algo.

Ella misma fue a declararle su amor a Agustín. Al inicio se resistía por las enseñanzas de su madre, pero al final terminó por aceptar lo inevitable. Comenzaron a salir en secreto, pues sabían lo polémico que sería el asunto.

Agustín viaja para buscar nueva vida.

Él quería un futuro con Conchita. Y sabía que no podrían nunca tener esperanza si no era rico. Por lo que decidió salir de trabajar ahí y buscar fortuna. La prometió que sería una persona adinerada y vendría por ella.

Conchita prometió esperarlo, por lo que él partió buscando fortuna. Hacerse rico no es fácil, nunca lo ha sido. Por lo que optó por volverse asaltante, era la forma que tenía para poder acumular rápido cantidades de dinero.

Era un gran forajido, el primero en la línea. Con el pasar del tiempo logró reunir una gran cantidad de dinero, todo fruto del crimen. Seguía firme en su idea de regresar con Conchita para vivir una nueva vida.

Pero ella no lo tenía fácil: en su hogar le habían concertado un matrimonio. Y aunque ella se resistió, al final entre lágrimas tuvo que casarse. No pudo mantener su promesa, algo que le rompió el corazón.

Mientras tanto, Agustín regresó a la ciudad. Con todo el dinero reunido compró una casa, contrató criados, se puso ropa nueva y todo para ser un caballero de alta sociedad. Reunido todo ello, emprendió rumbo a casa de Conchita.

Y se encontró con la triste noticia: Conchita se había casado, además que su propia madre había muerto. Su amada seguía viviendo en el hogar, pero él no quiso saber más. Se fue para nunca volver.

Este hombre tenía mucho dinero, pero estaba incompleto. Tanto así que comenzó a encerrarse en si mismo, nunca se relacionó con los vecinos y se volvió un ermitaño.

Excepto para una ocasión: cuando salía a pasear por las noches, por una parte deshabitada de la ciudad. Estos paseos nocturnos no pasaron desapercibidos para la gente y empezaron a llamarlo el curro del puente negro.

Un día este hombre falleció, solo y triste. Pero hasta el día de hoy, dicen que sigue dando sus paseos si andas avanzada la noche en esos lugares.